Pocherighe

Roma, città aperta

febbraio 1st, 2011  |  Published in Cinema, Español, Literature

Bienaventurados los que lloran,

porque ellos serán consolados

Bienaventurados los que tienen hambre

y sed de justicia,

porque ellos serán saciados […]

Bienaventurados los que buscan la paz,

porque ellos serán llamados hijos de

Dios.

Mt. 5, 4-9.

Roma, città aperta (Roma, ciudad abierta) es considerada la obra maestra de Roberto Rossellini. Es considerada también el manifiesto del neorrealismo italiano (aun si se considera que el primer filme neorrealista de Italia es Obsesión, de Luchino Visconti, de 1942).

Rosellini comenzó a trabajar en el guión, con la colaboración de Federico Fellini y de Sergio Amidei, en agosto de 1944, a sólo dos meses de haber terminado la ocupación alemana. El objetivo de Rossellini era narrar los acontecimientos recientes, porque lo que, literalmente, salió a las calles a buscar historias (de hecho, por lo que se sabe, el guión le fue casi literalmente dictado por un jefe de la resistencia. Por lo tanto, el argumento está basado, al menos parte de él, en sucesos reales). La película comenzó a rodarse, sin autorización ni capital, en enero de 1945, tanto en estudios como en locaciones de la ciudad devastada (esto último es una de las características más importantes del neorrealismo. También lo sería el empleo de actores no profesionales. En Roma, città aperta, salvo Anna Magnani [Pina] y Aldo Fabrizi [Don Pietro, el sacerdote], todos los actores son amateurs).

Ahora bien, la película se sitúa en la ciudad de Roma, en los últimos años de la ocupación nazi de 1944. Y está inspirada en la historia del sacerdote Luigi Morosini, torturado y asesinado por los nazis por ayudar a la resistencia.

El argumento es mejor que no lo toquemos. Diré sólo que en él se entretejen las historias de varias personas relacionadas con la resistencia antinazi. Y si vale al caso, que no pierdan de vista, sobre todo, los personaje de don Pietro (sacerdote que durante la ocupación protege a los partisanos y que por un espíritu verdaderamente cristiano está dispuesto a dar su vida), de Giorgio Manfredi (ingeniero comunista y líder de la resistencia, personaje difícil de definir, salvo, quizás, haciendo una analogía con el personaje del justo sufriente que fue Jesús), y de Pina, mujer de pueblo que sale a “combatir” a las calles (cabe mencionar que con este personaje Anna Magnani impone un nuevo tipo de actriz trágica).

Pero, lo que realmente me gustaría compartir con ustedes es un par de impresiones que me dejó el filme:

1)      Roma, città aperta es una película que parece no estar preparada en escenas. Es como si Rossellini rodara lo que le da tiempo de rodar. En este sentido parece más un reportaje que una película, parece la operación de un reportero que filma, lo mejor que puede, pero siempre sobre la marcha. Esto hace que Roma, città aperta tenga un grado de espontaneidad y de autenticidad más allá de realismos, neorrealismos o no realismos, que en realidad, creo, era algo que a Rossellini no le importaba en absoluto. Trato de explicarme: en Roma, città aperta, uno no ve actores o actrices (uno no ve realmente una película), uno ve personas humanas, en las que convive el cansancio, la desesperación, la angustia y el miedo con la esperanza (“Yo si creo en Dios”, dirá Pina; mientras que su prometido, Francesco, dirá: “Terminará, y el mundo será mejor, porque seremos libres”), con la inocencia, y con la paz de la conciencia y la fuerza que da el saber que se hace lo correcto, que se lucha por la libertad y la justicia (“No tenemos porque tener miedo, porque estamos en el camino justo”, dirá el mismo Francesco).

Recuerdo que hace unos días leía este fragmento de Javier Sicilia: “…Y, en efecto, constantemente el hombre se repite que el sentido de la existencia humana es la felicidad. No lo dudo. Pero la felicidad aquí en la Tierra no existe. Existen la paz de la conciencia y del espíritu, que la prefiguran. La vida, en realidad, es una tensión dolorosa, un sacrificio constante”. Quizás por esto los personajes de Roma, città aperta son tan humanos: es verdad, no hay felicidad, pero hay una tensión dolorosa y un sacrificio constante, y, por lo tanto hay la paz de la conciencia y del espíritu que la prefiguran. Aunque, porque no decirlo, también está la otra cara de la moneda: lo inhumano, el cinismo, la cobardía, la indiferencia, la traición, la muerte.

2)      Pero yo iría más allá, yo creo que en la película la verdadera humanidad es muy latente porque hay una analogía clara con la figura de Jesús, con su pasión y muerte (la figura de Jesús está muy presente, tanto en muchos de los personajes como en gran parte del ambiente en el que se desarrolla la película). La figura del Jesús torturado, maldito, burlado y asesinado a pesar de ser inocente, se vuelve compañía viviente de todos los torturados, malditos, burlados y asesinados de la tierra (Giorgio Manfredi, Francesco, Pina, don Pietro).

Mencioné ya a Giorgio Manfredi, pero no es el único personaje en el que hay una clara referencia a la figura de Jesús: está también, por ejemplo, el sacerdote, don Pietro, cuya figura es muy iluminadora, él es el cristo que acompaña a todos los que lloran, que tienen hambre y sed de justicia y que luchan por la paz; don Pietro es el nuevo cristo que acompaña a todos los nuevos hijos de dios. Y es viéndolos a todos ellos que nuestro corazón no pierde su perspectiva integralmente humana, aun frente a la muerte física; viéndolos a ellos, y en ellos a Cristo, podemos abrazar, con plenitud de sentido, el sacrificio que sirve para realizar nuestro destino, luchando siempre para preservar nuestra integridad, sin permitir ser parcializados o fragmentados.

Sin lugar a dudas Roma, città aperta es una obra maestra, en ella Rossellini nos hace recordar que mirando a Cristo encontramos el significado y la perspectiva para mirarnos a nosotros mismo, nos hace recordar que, mirando a Cristo, siempre habrá esperanza.

Veamos, pues, Roma, città aperta, ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes de 1946.

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