di Montserrat Mira Mosso

Antes de hablar del cuento que estoy por presentar, me gustaría mencionar que mi encuentro con este autor se debió a una afortunada casualidad durante una conversación en la que se hablaba de algunos escritores italianos del siglo XX que, por diversas razones, no habían merecido la suficiente atención por parte de la crítica. Surgió así el nombre Silvio D’Arzo y del cuento “Casa d’Altri”, que me dispuse a leer enseguida. Me sorprendió entonces ver en la contraportada del libro que nada menos que Eugenio Montale, refiriéndose precisamente a este relato, lo hubiera definido un “racconto perfetto”. No parecía corresponder el hecho de que un autor que había merecido tal elogio pudiera ser tan poco conocido y que ni siquiera se le nombrara en las principales historias literarias (o se le mencionara sólo rápidamente).

Más tarde supe que, como ha sucedido a numerosos escritores, también la grandeza de Silvio d’Arzo había sido reconocida sólo tras su muerte, una muerte, cabe mencionar, bastante prematura, acaecida en 1952, cuando el escritor contaba apenas 32 años. Supe también que el nombre  Silvio D’Arzo no era sino uno más de los pseudónimos de Ezio Comparoni. El apellido D’Arzo, como explicaría el propio escritor en una carta a un amigo, aludía a su origen reggiano: “[D’Arzo] Non è un nome di fantasia, come qualcuno può ritenere, né si riferisce a qualche personaggio di leggenda. Creandolo, ho inteso semplicemente richiamare le mie origini. D’Arzo vuol dire ‘da Reggio’. Arzo è la sostantivazione geográfica e in lingua di ‘arzan’ che in dialetto significa reggiano. Quindi Silvio da Reggio”.