lcc2El tema que escogí –lo bello y el delirio religioso – tiene como punto de partida la palabra “pasión”, que es lo opuesto de la indiferencia y de la fría soledad.

La belleza es de hecho una pasión que nos posee, nos atrae y, cuando se asoma, nos rapta para conducirnos a un sentir desconocido, totalmente gozoso, a un sentir que nunca quisiéramos perder y que siempre se aleja de nosotros demasiado pronto.

La pasión requiere del delirio que, etimológicamente, significa “salir del surco”; es decir que la pasión es una fuerza que nos empuja a ir afuera de la ruta en la que nos encontramos y, empujados por ella, nos dirigimos, con sumo ardor, allá donde ella nos lleva. Y por esto es importante reconocer nuestras pasiones y ver en qué senda nos conducen.

¿Cuál es la pasión que empujó a Julieta y a Romeo a preferir la muerte, si tenían que vivir el uno sin el otro? ¿Cuál es la pasión delirante que empujó (si de veras es lo que realmente sucedió) a un joven piloto a dar muerte, hace algunas semanas, a ciento cincuenta personas – entre ellas la suya– en el avión que iba de Barcelona a Dusseldorf?

Y, de otra parte, fue seguramente una notable pasión la que empujó a san Francisco a dejar sus riquezas para volverse totalmente pobre, desprovisto de lo que llamamos normalmente lo necesario, para vivir una vida en compañía de otros, unidos entre ellos por la amistad con lo divino.

Y fue sin duda una pasión fuertísima la que empujó al padre Kolbe a tomar el lugar de un hombre condenado a muerte y así morir por un desconocido. (…)

PDF